Marchando con su libro siempre viejo
estafa sin sonrojar su ignominia
fascista que descubre en su anodinia
marchito su cerebro siempre añejo.
Se cree muy señor este abadejo
y lo nuevo le provoca pavura
va a hundirnos al nivel de su chatura
mejor yo quiero un plomo en su entrecejo.
Su falsía disfraza de elegante
son de su alma un tono muy disonante
la humildad, la verdad, la cortesía
trabaja de aplaudir a la mentira
lo veo y no se qué es más repugnante
porque es explotador, también farsante.
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