28 de mayo de 2012

Carta

Hay circunstancias y momentos en la vida que separan a los amantes. Contra toda lógica, contra toda esencia y sentido de la vida, la vida misma complota para separar a los amantes.  Y al momento de partir el dolor se hace poema.

Carta
Las cálidas aguas de un tenue abrazo,
un soplo de almíbar a mis lánguidas letras de descarga.
Y tú. Un impulso de hamaca.
Se barren los desecados espectros
que deambulan perdidos en penumbras siniestras.
Y se van, y amanece. Y tú.
Yo observo de mañana a ocaso,
de ocaso a alba, de semana en semana,
eternamente puedo observarte.
Y no quiero tocar tanto delirio inmaculado, ni respiro
ante el temor de que cualquier cosa que haga
desbarranque tanto arte, tanta gaviota en diáfano vuelo a la libertad,
tanta primavera onírica que aletarga
el bravío futuro encabritado
y moldea las ostentosas salientes de los sueños imposibles.
Un ángel se mece en tus pestañas,
un vigía iracundo alimentado por tu belleza.
Un centinela del orden cósmico
esclavo de tus preciosos ojos,
cuidándote de los estruendos de envidia de los cielos.
Y se estremece la luna, enmudeció la noche y, quieta,
ve como el tiempo, el pobre, viejo y cruel tiempo,
estupefacto, se ha detenido por ti.
Qué endebles son los muros de los lamentos
cuando avanzan los ríos de las silentes
y laboriosas tejedoras de anhelos y sueños y amores.
Qué poderosas aguas pueden liquidar las razones,
dar de beber a tantos duendes sedientos
y donde se echan a navegar presurosos veleros de deseos.
Exploradores de tus profundidades se esfuman en ellas
y te reencuentran tibia, bella
y sorprenden un tesoro de quimeras
naciendo en el cenit de las vidas.
Y esos aromas que trasudan los artificios de la noche
llevan la ley de tu cuerpo,
y la leo de enero a enero,
la aprendo de memoria, la recito en mi ensueño
con plegarias que grito al viento
para que se encargue de llevarlas a la orilla de tu pelo.
Y en el ahogo de tu mirada profunda
planeo la huida de las almas, la fusión de las flores
y apresar las pocas horas que restan para estar contigo.
Ya arderá esta distancia por verse sola y agónica,
ya reclamará que vuelva, con jazmines y coplas,
que vuelva sola, despeinada, la inmortal esperanza.
Reclamará urgente regreso del fénix
y que esta magia certera que ajusticia penas y regala milagros
nos una en esta débil realidad.
Será que te he vuelto mi universo,
será que las teorías sucumben,
será que las fuerzas que sostienen tanta inmediatez
no son nada más que la misma magia que nos unió.
Bastará que los cielos lloren, para recordarte triste y bella.
Bastará que la luna reine, para coronar mi ensueño con tu risa monárquica.
Bastará que el sol cante desde el alba,
para danzar con tu recuerdo las melodías que nos conmueven,
bastará que se apague el día para regalarte cada una de las estrellas que asomen.
Bastará perder cada día para recordar que se acerca, como una alborada,
el día en que te veré de nuevo.

18 de mayo de 2012

Asi nació la zamba "La Pomeña"


La Pomeña  
Letra: Manuel J. Castilla

Música: Gustavo Leguizamón


Esta zamba fue compuesta en 1969, como premio a quien venció a Manuel J.Castilla en un contrapunto.
En La Poma, en el boliche la Flor del Pago, cuidando los intereses de los patrones, un cartel repetía: "Almacén la Flor del Pago, no fío por temor al clavo". Detrás del mostrador estaba Amanda Aramayo, probablemente secando vasos con su delantal y tomando notas visuales de reojo. Del lado de los clientes, como escondido detrás de una cerveza, había un hombre barbudo: Manuel J. Castilla.
El poeta había ido  a  la localidad de La Poma en época de carnavales para visitar a un primo que era empleado del correo. Como dice la primera estrofa, la protagonista es Eulogia Tapia, pastora de la localidad de La Poma; o sea que ella es La Pomeña.
Eulogia entonces tenía 18 años. Hoy, sigue viviendo en un puesto de campo, apenas alejada del pueblo de La Poma, en el norte salteño. A pesar de la popularidad de su nombre las cosas no han cambiado mucho para ella. Cada mañana de verano se la puede encontrar con las botas de goma y ordeñando, o mateando con su marido bajo el alero de su casa de adobe.
Eulogia Tapia, La Pomeña

Según Amanda Aramayo, el "Cuchi" Leguizamón no estaba aquella tarde allí, sino solamente Manuel J. Castilla. En pleno carnaval, entre harina y agua y contrapuntos, Doña Amanda relata que "entró la Eulogia con la caja bajo el brazo y la cara llena de harina. Era joven, tendría 18 o 19 años en esa época y así nomás comenzó el contrapunto, que siguió hasta que Castilla no tuvo más que decir". Había ganado Eulogia. Bajo la mirada impávida del poeta derrotado la joven pomeña salió por la puerta, desató su caballo blanco y rumbeó para el lado de "las casas".
esta es la versión de la protagonista:
Yo he bajado de mi casa al pueblo para cantar. Ahí armaban carpas durante carnaval y se juntaban todos. Yo llegué con mi caballo blanco, como dice la canción. El Cuchi y Castilla estaban también ahí cantando con sus guitarras. Eramos muchos hasta que empezaron los contrapuntos (duelo de coplas entre uno y otro). La gente se fue yendo y yo me quedé sola con ellos dos en un duelo, hasta que les gané con una última copla que decía: Esta noche va a llover, agua que manda la luna, mañana han de amanecer como pato en la laguna.”
Cuchi Leguizamon

Según Eulogia estaban los dos aquella vez en el boliche, según Amanda, sólo estaba Manuel Castilla. Al día siguiente Castilla pidió el tractor verde de la municipalidad -que aún camina la Puna- y fue hasta el rancho de Eulogia, ubicado en Ampostuya. Amanda recuerda que tampoco en esa oportunidad le fue muy bien por el recibimiento que tuvo en el rancho de los Tapia. "No se va a creer, si don Joaquín, el padre, era bravo como el cardón". Al regreso de la frustrada visita pasó por el boliche, "todo tiznado por el humo del tractor", según cuenta Amanda. A la mañana siguiente Castilla se fue.
"Ellos me preguntaron qué quería por haber ganado y yo les dije que me hicieran un tema"- cuenta Eulogia- "Tuvieron que subir en tractor porque no había camino. Yo estaba con mi padre sembrando, entre la alfalfa, como dice el tema. También estaba el sauce, que está como llorando. Todo eso vieron. Y cuando hablan de «porque te roban Eulogia carnavaleando» era porque me habían robado una chiva. La canción recién la escuché como un año después en la radio. No me lo he creído al principio que hablaba de mí. Después me llenó de emoción."
Manuel J. Castilla
¿Estaba el Cuchi Leguizamón esa tarde en "La flor del pago"? Probablemente tanto Amanda como Eulogia estén diciendo la verdad; aparentemente se había juntado mucha gente, y en el trajín de atender a los parroquianos la primera pudo no haberlo visto. También es posible que el Cuchi no estuviera todo el tiempo y ellas se estén refiriendo a momentos distintos. Se suele decir que Manuel Castilla fue hasta allí buscando una revancha, ya que habia quedado resentido por la derrota. Particularmente, no creo que haya sido así, pues el hecho de ofrecerle un premio a quien lo venció hace pensar lo contrario. Su visita a la casa de Eulogia, si uno se guía por la letra de la zamba, fue para conocerla mejor y poder escribir el tema que ella le había pedido.
Así se cuenta, casi como una leyenda, el origen de esta zamba. Aquí va la letra:
 
Eulogia tapia en la poma
Al aire da su ternura
Si pasa sobre la arena
Y va pisando la luna

El trigo que va cortando
Madura por su cintura
Mirando flores de alfalfa
Sus ojos negros se azulan.

El sauce de tu casa
Esta llorando
Porque te roban eulogia
Carnavaleando.

La cara se le enharina
La sombra se le enarena
Cantando y desencantando
Se le entreveran las penas.

Viene en un caballo blanco
La caja en sus manos tiembla
Y cuando se hunde la noche
Es una dalia morena.


Fuentes: 
http://folclore-argentino.com.ar/asi-nacio-la-pomena.html
http://www.mercedessosa.com.ar/cancionero/letras/pomena.htm
http://www.lanacion.com.ar/889350-eulogia-tapia-la-reina-del-contrapunto