28 de diciembre de 2011
24 de diciembre de 2011
Los tiempos actuales, vértigo y superficialidad.
¿Nuestra vida puede comenzar sin la pantalla
de google invitando a la próxima parada? ¿O puede escindirse de la red social
que más visitamos en el día? Alessandro Baricco en su libro Los Bárbaros, utiliza este título como
metáfora para resumir a una nueva sociedad, o los componentes de esta sociedad,
caracterizada por su medianía y superficialidad. La revolución tecnológica, la
cultura imperial derramada a través de los medios e impuesta sin resistencia a
una masa sumisa y receptiva, la simplificación, la sobre información, la
velocidad. Todo tiene sentido solo en la vertiginosa secuencia, porque es
difícil encontrar el valor en sí mismo de cada cosa. Ese es el escenario en el
que estamos inmersos. O al menos una buena parte de la sociedad mientras que la
otra está metida en problemas más mundanos, como conseguir comida, desde hace
miles de años y no tiene tiempo para estas cosas.
El libro, y las
reflexiones, de Baricco encuentran su realidad en cualquier parte del planeta,
aunque probablemente la pacífica sumisión a la ideología norteamericana sea más
notable en Italia, que es de donde nos escribe este autor. Pero la sociedad
descrita por él es común a este mundo globalizado en donde la importancia de la
secuencia radica en que nada tiene valor, si no está encadenado (linkeado) a
una serie de nodos que lo generan/recomiendan/difunden. Es la secuencia la que
tiene valor, perdiéndose el sentido original, el valor en sí, de cada
construcción. Esto no es el apocalipsis, pero es un patrón que bien puede
describir nuestra vida actual. Un “bárbaro” como los/nos llama Baricco irá con
buenas intenciones a un libro, pero no irá a Eliot, Hegel, Goethe o Pizarnik,
pero sí irá a Harry Potter, porque está en un comercial en la tele, en un ¨me
gusta¨, en una película (y fue generado para eso), en una canción, etc.,
potenciado por la transversalidad de internet. Puede parecer que esto es tan
solo una simple cuestión de gustos, pero el hecho es que la velocidad cobra un
rol muy importante. Porque conlleva superficialidad. No hay una intención de
detenerse en Harry Potter, su valor no es el libro sino la secuencia que lo
concibe. He aquí, simplificación y superficialidad. “Sus trayectorias nacen por
azar y se extinguen por cansancio”, ¿y al final, de que ha servido esta
vertiginosidad errática?
El mundo de lo efímero
Y la velocidad,
nos lleva a leer superficialmente sin detenernos demasiado. A realizar lecturas
erráticas entre publicidades molestas y pareciéndonos insoportable todo
aquello que invite a tomar asiento y reflexionar porque necesitamos de ese
vértigo, quizá para tener tiempo para seguir naufragando. Cuando hablamos de la
velocidad podríamos hablar de twitter, una cascada informativa en la que se
hace difícil apartar la basura. La sobreinformación es otra característica
bárbara. Porque hay que tomarse el tiempo de comprender, no bastarán 140
caracteres para dar independencia de criterio, se corre el riesgo de caer en frases
sentenciosas y confusas que pueden tener la fuerza de la originalidad y la
síntesis pero pueden estar vacías de verdad. Ya no escribimos cuentos,
escribimos microrrelatos (ni siquiera mini, no no, micro) y si me apuras
hacemos certámenes de twits y nada más. La reflexión, la originalidad, el
misterio, el encanto, la poesía, la noticia, todo en cómodas píldoras entre
muro y muro.
El multitasking
en que nos sumerge la red y la tecnología cotidiana, además de la falta de
atención, también conlleva una disminución en la capacidad de comprensión.
Muchas notas hay en la red sobre la lectura “al vuelo”, que se hace sin
profundizar y que solo hace perder el tiempo y la capacidad de comprensión, pero como estoy apurado, dejare que
sobre eso “tengan suerte” en google.
Google
Es el mayor
invento de la humanidad, después de la imprenta. En estas dicotomías: lectura
comprensiva/lectura al vuelo y errática; entender/navegar; valor del
punto/valor de la trayectoria, etc. resulta curiosa la primera frase de este
párrafo. Porque google es un invento revolucionario, gigantesco y tan
importante como la imprenta. Y de alguna manera, aunque es parte esencial de la
situación de la sociedad (o una parte de ella) descrita en este artículo,
google respeta el saber. Google es un motor de búsqueda (si, es mucho más que
eso pero para el punto que quiero resaltar esta bien) en el que el resultado
encontrado nos muestra el lugar adonde se dirigen mayor cantidad de links,
teniendo en cuenta que los links que dirigen a esa página también tengan muchos
links que lleven a él. Algo así como el más recomendado por los más
recomendados, lo que ordena los resultados en base a cuán fidedigna sea la
información brindada. Los caminos de los links son los caminos del saber. Como dice
Baricco, “la velocidad es generada por la calidad y no al revés”.
Este artículo, lejos de
ser un libelo antitecnologico, es tan solo una reflexión con el fin usar las
tecnologías y no que ellas nos usen a nosotros. Aunque creo que esto es batalla perdida:
seguramente esto lo pondré en mi Facebook y en el blog porque a esto, de una u
otra manera, lo tendré que ingresar a la secuencia, para que sea un nodo más,
porque la realidad es que estamos “entre el muro y la internet”. Ojalá alguien
me de un “me gusta”.
Emiliano Salvucci
22 de diciembre de 2011
A Alejandra
A
Alejandra la conocí en Las Grutas
andaba
con su coneja mirada
buscándose
al rayo del sol
salpicándose
de espuma
pulverizando
barcos
que
querían llevarla.
abajo,
una tonta
y
los nueve de gestación.
Arriba,
los brazos de las musas
y
los ojos bien abiertos
queriendo
explicar lo absurdo.
19 de diciembre de 2011
Estocadas
¡Oh jesús!
dijo un poeta
y una lágrima fría
en el centro
de un enero
cortó con su filo
el diamante del
futuro.
Así caen los cuerpos
de los poetas,
lánguidamente
sobre una muerte
cristalina.
Asépticos de carne y
martillos
solo sudor,
humo y humedad
y estocadas de
claridad
en la gordura de las
sombras.
16 de diciembre de 2011
Transmisión Sexual
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