Comienza el murmullo bajo tu vientre,
y la tormenta en tu pecho
me susurra en el oído
mientras el pulso galopa.
Eres un manso bocado
y mi saliva cubre tus tenues senos.
Oigo el cálido arrullo
de tu respiración asustada.
Me abro paso a tu ternura
te abrazo y me voy contigo
a caminar la noche
en tu naturaleza labrada.
Mañana estaré aquí,
aunque me vaya
como el vapor en donde escapa
esta pasión lacónica.
Mejor si la tormenta acaba,
si la lluvia cubre tus ojos.
Mejor si a los dos nos duele,
así es como funciona.
No soy yo quien decide,
muy poco es lo que decidimos,
soy tan solo intérprete
de un colosal dictador
que ya no tiene juventud
ni fuerzas para el amor.
Quizá ni lo sepas,
pero repetiste las líneas
que otro ya escribió,
y en la ingenuidad de tus ojos,
donde yo intuí la mujer,
sucedió lo acostumbrado.
Los dos somos victimas
de un destino cruel,
los actores se van,
la obra es inmortal.