El destino le
dio una redada
Tras la
tempestad
Aromas de
café y luces intermitentes
El amanecer
Lo esperaba a
la vuelta de la esquina
en la ciudad
devorada por las pesadillas.
Los brazos
con viejas cicatrices
De abrazos
rasgados por el filo de la mentira
Rubio amor en
bicicleta
Chispas en la
daga del horizonte
Mentiras que
se dicen en ayunas
Cortaron el
hilo donde se ataban los sueños
Y este
amanecer, sin lágrimas
Lo sorprendió
entre el café y la medialuna.