30 de julio de 2012

Hohenzollernbrücke y los candados del Amor



El puente más transitado y uno de los más lindos de Alemania esta aquí, en Colonia. Se trata del puente Hohenzollern. Es una mole de hierro de 410 metros de largo (primero las cifras que, como diría en el principito, es lo que a las personas mayores le interesa) sobre el rio Rin que une las estaciones de Deutz y la central de Colonia  (Köln Hauptbahnhof). El puente no es solo un paso ferrocarril sino también peatonal por lo que es un paseo obligado de Colonia, con maravillosas vista del rio Rin, del Dom y de la ribera del Rin. 
El Hohenzollernbrücke y el Dom

Fue destruido por completo en 1945, durante la segunda guerra, pero no por las fuerzas aliadas sino por los propios ingenieros del ejército alemán ante la inevitable caída de Colonia en las manos enemigas. Posteriormente reconstruido, se convirtió en un puente estratégico de conexión entre Colonia y el resto de las principales ciudades alemanas. 
Pero el Hohenzollernbrücke es hoy algo más que un puente importante, luego de que el escritor italiano Federico Moccia publicase su novela Tengo ganas de tí (2006). Porque a partir del ritual de amor relatado en la misma,  miles de enamorados comenzaron a manifestar su amor eterno de la misma manera. Uniendo los nombres de los amantes en un candado y aferrándolo al puente Milvio sobre el Rio Tiber, en Roma -el que menciona la novela-, arrojando luego la llave a las profundidades de las aguas. Y la fiebre de amor se extendió a otros puentes de otras ciudades, repitiéndose el ritual en cuestión y ornando cada puente con una cortina de sólido amor en sus barandas. Paris, tiene los suyos, claro, en el romántico Pont des Arts. Y Colonia tiene en el Hohenzollerbrucke.  Ante la llegada de los Liebesschlöser (candados del amor) se lo conoce ahora como el Liebesbrücke (Puente del Amor) y cada día se suman más sellos de amor eterno a los más de cuarenta mil candados que cuelgan de él y le cargan ya dos toneladas de puro romanticismo.
Candados del Amor en el Hohenzollernbrücke

Candados, amores, condenas..

Puede ser un regalo de San Valentín, puede ser un compromiso de casamiento, puede ser… 

El puente que el amor ha creado es aferrado con una promesa en forma de candado. Recorriendo ese muestrario heterogéneo y colorido de promesas, podemos ver que Hans y Christiane buscaron candados rojos, Peter, mas adelante, se encargo que su compromiso sea muy llamativo, colocando un candado con forma de corazón del tamaño de una puerta. Otros incluyeron un par de esposas para matizar un poco, y me sorprendió encontrar también una amoladora aferrada a un candadito, que me mira a los atónitos visitantes igualmente sorprendida de estar alli. Otra pareja ha gastado bastante dinero para que su sello indeleble sea memorable, pues sus nombres lucen bellamente grabados en dos grandes candados entrelazados.
Y de pronto lo veo. Tal vez, ese candadito derruido y algo lastimado intentó ser arrancado por un amante arrepentido o traicionado, en fin, perdido. Mientras, ella cruza todos los días temprano a bordo del S-Bahn hacia la estación central, y mira por la ventana hacia al lugar exacto donde, un día, un pacto eterno quedó anclado al puente y a su corazón. Es todo lo que tienen de aquello. Ambos esperan que se rompa el hechizo que alguna vez selló un beso y una llave entregada al rugido del Rin cuyo vientre constante, ahora, en este momento, la digiere lenta pero eternamente.


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