29 de julio de 2012

Otro dia en el mundo


A veces parece que nos olvidamos, pero a la vuelta de la esquina, o al bajar del colectivo, un flechazo frio nos recuerda que la muerte no olvida. De olvido vestida, negra capa y espada, va mutilando sueños que llevamos en los hombros y en las espaldas. Entonces, nuestra sombra fiel se le escapa, guardando los recuerdos que no queremos perder - para volver a vivirlos - y los sueños que aun faltan por colgar en nuestra mirada. Y a veces, un perro hambriento nos muerde muy adentro, pero basta  una sonrisa que nos lanza la vida al cruzar la calle y un cachetazo cálido de espuma sube hasta la frente, para sanarnos mientras una sonrisa se dibuja. La vida pinta paisajes, tan callejera ella, y coquetea con nosotros mientras el amor, su compañero algo tonto, anda repartiendo besitos, lamidas y condones;  ambos andan sin preocupación, y la pintura se derrama por la calle y riega los cordones y las veredas. Y el corazón se mea de risa. Los niños que salen de las escuelas gritando siempre, saltan y corren y los guardapolvos blancos son ahora manchados y coloridos, cada uno diferente, y entonces cada uno aprende que es único y se ahorra cinco años de escuela. Ahora ahorra tiempo un témpano que, templado, atempera el temperamento del templo de los tímpanos taponados.  Así, deambulamos sombríamente con solo cinco sentidos por los cuatro rumbos, con tres tragedias y dos preguntas  para un único verdadero amor. Esquivando escupitajos de profetas, amortiguando la caída libre con versos y canciones, teniendo sexo en los ascensores, mientras los niños van creciendo y ya tiraron sus oscurecidos guardapolvos. Y su sombra se agranda y su corazón se achica. Es que los sueños pesan más con el tiempo.

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