Cuando la alta luna te hiera
en cada paso que des,
cuando su rostro ilumine
realidad por doquier,
cuando te encuentres perdido
sin encontrar un porqué,
recuerda el eterno ejemplo
del gran comandante, el Che.
El porqué de la utopía,
del próximo paso a dar,
búscalo en aquellos niños
que ardieron en NAPALM;
búscalo en aquellos niños
amputados de Bagdad;
cuando esa lluvia no moje
refugiado tras cristal
recuerda tropas sicarias
arrasando Afganistán.
Cuando preguntes por víctimas
de represión cultural
escucha, gritan las niñas
mutiladas en Somalia,
Etiopía, Kenia o Sudan,
halla niñas “perdidas”
prostitutas de ciudad.
¿Qué muerte le planearon
los ricos dueños del mundo
al niño en Bosnia, Argentina
Honduras, Congo o Vietnam?
Cuando aquí el dolor ahogue
vuelva y vuelva a recordar:
¿Dónde están nuestros ausentes,
los niños sin identidad?
Que nuestro estallido avance
sobre la bruna impunidad.
Los vientres siguen vacíos,
los sueños yacen dormidos,
nuestra gris tierra regada
de los mártires vencidos,
que entregaron su vida
por el mundo prometido.
¿Quién devolverá las vidas
que se tragó el egoísmo?
¿Donde está, entonces, el amor?
Finalmente preguntarás
El amor, un fugitivo
que tantos suelen nombrar,
brioso revolucionario
que pocos pueden hallar.
Repasarás las preguntas,
porque allí lo encontrarás.
Pero cuando nada te hiera,
y el otro no importe más,
cuando agonía y suspiro
y el dolor de los demás
tu sueño y tu vil vigilia
no puedan importunar
date por seco y por muerto
vete a la tumba, desierto,
nadie por ti va a llorar.