16 de marzo de 2008

La historia del Negro Catanga

El negro catanga olía muy mal. Cuando se acercaba a alguien lo mataba. Una vez solo y abandonado por los caminos mató una vaca, la pobre lo vio de frente en un puentecito que cruzaba el arroyo. Sus dilatados ojos no querían creerlo, pero él estaba allí; el pobre negro quiso ser amable con el único ser valiente que veía frente a frente, extendió su temblorosa mano, a la vez que daba los grandes pasos que sus piernas extrahumanas le permitían dar, y la vaca absorta que intento retroceder demasiado tarde, él paso a su lado, creyendo hacerse finito, pero su generoso aroma tenia para darle y que archive por generaciones al pobre cuadrúpedo, la vaca ni bien paso quiso correr del puente como animal asfixiado buscando por aire pero ni bien hizo pie en tierra firme dio tres vueltas y cayó redonda, pasando a mejor vida.

El negro, la miraba desde el otro lado, con ojos grandes, vidriosos, luego rojos, luego húmedos, luego llorosos. y con el dolor de quien mata sin querer.

Entonces fue cuando un vaqueano sudoroso, venía puteando por el camino, puteando por perder una vaca, entendió el negro catanga, quien se le cruzo de pronto en medio del camino, como si fuera obra del destino, y el tipo que le pregunta su vio alguna vaca allá en la otra punta, del camino que lleva recorrido, y el negro muy sorprendido, que el viejo no se inmutara y pregunte como si nada teniéndolo al él en frente, respondió con una gran sonrisa, esta al otro lado del puente.

Bien, dijo el paisano, y se alejo sin problemas, y el negro depurando penas, porque el viejo no se había muerto ”- no será que no estoy endiablao y esto solo pasa del otro lao” pensaba el negro contento y fue a dar con el pueblo que nunca habia conocido, por estar bajo castigo por ser negro oloriento… será que si ahora miento, mato a quien quiero y lo digo y ese será su castigo por haberme condenado, y el negro casi sin querer pudo controlar su poder y fue matando de a poco al que no le gustaba… al alemán que mandaba y a todos sus seguidores, a todos los locos amores, a todas las margaritas, a todos los que tenian guita y todas las que empezaban con M porque la M no le gustaba, a todas las coloradas, a todas las judias porque esa religión tampoco le gustaba… al grande y poderoso, Negro Catanga.

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