6 de junio de 2018

Federico García Lorca. A 120 años de su nacimiento


Tus versos, a borbotones,
desbordan y rompen
las paredes de España.
Las saetas de tu boca
siguen abriendo el paso
a revoluciones futuras.
Ay Federico García Lorca
entre los olivos, fusilado
la republica te muestra
en todos los ríos su llanto;
los estatutos del olvido
y los lobos de penumbra
arden cuando se abre
una boca de sol desde tu tumba.
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¡Oh, ciudad de los gitanos!
¿Quien te vio y no te recuerda?
Que te busquen en mi frente.
Juego de luna y arena.

6 de marzo de 2017

Payasos

Payasos
La tenue llovizna ya había empapado las veredas y en las esquinas se habían acumulado algunos charcos. La humedad dentro del colectivo y la temperatura en aumento me habían dejado la camisa empapada. Tenía calor. Las ventanillas, casi todas cerradas. Me levanté a tocar el timbre y bajar. Frente a mí, una mujer de unos veinte y pocos iba a descender en la misma parada. Yo no podía sacarle los ojos de encima y noté que a muchos hombres a mi alrededor les pasaba lo mismo. Bajé tras ella.
Afuera la llovizna no cedía. Decidí caminar y, probablemente, tomar el camino más largo para vagar por allí antes de llegar. Me gusta caminar bajo la lluvia y esta llovizna refrescante era mejor que el húmedo traquetear del colectivo. Di vuelta en una esquina y vi a un trompetista vestido de payaso o, mejor, un payaso con una trompeta, ganándose unas monedas en el semáforo. Las grises miradas de los automovilistas en la amplia avenida ni se inmutaban. Ni siquiera cuando otro payaso empezó a lanzar pelotitas de colores al aire. Semáforo en verde, bocinas. Con una agilidad asombrosa, esquivando autos, saludando exageradamente y colectando con una gorra unos pocos billetes que le arrojaban de algunas ventanillas, los dos payasos volvieron a la vereda contando el ligero botín. Un tercer payaso, corpulento, grandote, estaba tirado en el piso apoyado en la pared, absolutamente quieto.
Crucé la calle tranquilamente y me quede pensando. Quería quedarme a la siguiente función. Me senté en un rincón seco de una verja, saque mi libreta e hice un par de anotaciones. Levanté la  mirada y vi cómo un tipo cruzaba corriendo la calle, llevaba un bolso rojo. Parecía huir mientras de a ratos miraba hacia atrás. Pasó a mi lado y se perdió entre la gente.
De pronto veo en la otra esquina, frente a mí, a una mujer muy atractiva. Morocha con ojos grandes y redondos, pelo negro y ondulado. Los payasos aplaudían, lanzaban pelotitas que iban aparar a los charcos, las trompetas sonaban y ella allí, haciendo señas. Los payasos se acercaron y ella comenzó a señalarme. “¿A mí?” me pregunté y, como una respuesta, las miradas de los tres payasos se clavaron en mí. Parecía una reina dando órdenes a unos soldados obedientes. Me levanté un salto, mientras los tres comediantes se arrojaronban en mi búsqueda. Y yo allí, parado. Guardé mis notas mientras se acercaban y noté que mi pequeño bolso, rojo, era muy parecido al que llevaba el hombre que huía. Fue entonces que comprendí que había pasado. Enseguida, unas manos enguantadas me tomaron de las solapas. “¡Chorro!”, “¡Ladrón!”, “¡Devolvé lo que robaste!”, gritaban detrás de sus narices rojas y me miraban con odio. Payasos y peatones, que se detenían a ver el espectáculo, empezaban a alzar la voz cada vez más hasta convertirse en un griterío.
En vano intenté explicar que todo era una confusión, que no era un ladrón. En un segundo estaba siendo arrastrado, empujado hacia quién sabe dónde. Los bocinazos de todas las esquinas acompañaban a esta multitud guiada por tres payasos que me llevaban como a un delincuente. Y estos nuevos sheriffs del semáforo, parecían dispuesto a todo. Por fin tenían la atención del público. Por fin vivas y aplausos bajaban de las gradas improvisadas. El mago, mientras se sacaba el sombrero extraordinariamente pequeño, hacia aparecer pañuelos de colores que se ponía cubriendo el rostro como un bandolero del lejano oeste. Mientras les gritaba que me dejen, que todo era un error, recibí un par de golpes en la espalda y la cara. Luego vi a la mujer atractiva, estaba cerca, me miró a los ojos y empezó a gritar: “No es él, no es él”. Las caras de los payasos se transformaron mientras se miraban entre ellos. De a poco me fueron soltando. Mientras intentaba acomodar mi ropa estirada y algo rota, el primer payaso salió corriendo hacia el semáforo, el mago hacia morisquetas y gesticulaba golpeándose la cabeza con un martillo invisible para salir rápidamente de allí. La muchedumbre se disolvió como humo en el aire. El tercer payaso abrió su boca grandota y dijo: “Disculpe, creímos que era un ladrón”.

Yo agitaba mi cabeza confundido, como despertando de una pesadilla, tratando de encontrar mi bolso, pero era en vano. Miré a la mujer que estaba colorada de vergüenza. Era la mujer atractiva que bajó conmigo del colectivo, lo confirmé cuando dio la vuelta y se fue. La reina había hablado y me había liberado.

5 de febrero de 2017

Mujeres - Bukowski


Estaba constantemente cachondo y me masturbaba continuamente. Le hacía el amor a Lydia y luego por la mañana volvía mi casa y me masturbaba. El pensamiento del sexo como algo prohibido me excitaba más allá de toda razón. Era como un animal aplastando a otro hasta la sumisión. Cuando me corría sentía como si fuera en la cara de todo lo decente, blanca esperma resbalando por las cabezas y almas de mis padres muertos. Si hubiera nacido mujer seguro que hubiera sido prostituta. Como había nacido hombre, anhelaba constantemente mujeres, cuanto más guarras mejor. Y sin embargo las mujeres, las buenas mujeres, me daban miedo porque a veces querían tu alma, y lo poco que quedaba de la mía, quería conservarlo para mí. Básicamente deseaba prostitutas porque eran duras, sin esperanzas, y no pedían nada personal. Nada se perdía cuando ellas se iban. Pero al mismo tiempo soñaba con una mujer buena y cariñosa, a pesar de lo que me pudiera costar. De cualquier manera estaba perdido. Un hombre fuerte pasaría de ambos tipos. Yo no era un hombre fuerte. Así que continuaba bregando con las mujeres, con la idea de las mujeres.


Charles Bukowski

25 de agosto de 2016

Encuentro

Ella bajó en ciudad universitaria
tenía un niño en los brazos
espuma en la mirada,
ella pregunta a un estudiante
donde queda el destino
y las estrellas se alinean
mostrándole el camino.
Ella no sabe adónde
su papá se ha perdido
aquellos ojos morenos
ciegan de tanto brillo
Coraje acompaña los pasos
los azules qué saben
ella va partiendo la tarde
en ciudad universitaria
Hace calor, hace calor
el mundo es una caja maldita
donde se habla de dios
Hace calor, hace calor
un ritmo metido en las venas
tan abiertas como flor.
No busques, hermana, las flores
en las rocas no se hallan
hay que regar los jardines
que sembraste en tu alma
Pero ella riega cada tarde
los recuerdos sin casa
y tomó aquel colectivo
a ciudad universitaria
Entre los rosales de agosto
se cayó una migaja
de cielo que le señaló dónde
su papá se encontraba
Y los azules mercenarios
que quisieron callarla
hoy muy  callados están
condenados en sus jaulas.
Busca siempre la justicia
busca aunque el dolor te parta
pasaron 40 años
pero sigues en mi alma.
Hace dolor, hace dolor,
el tiempo ayuda un poquito
pero no cierra las llagas
hace dolor, hace dolor
hasta que una mujer con coraje
encuentra cómo cerrarlas
Y se encontró, y se encontró
un espejo le devuelve
el reflejo de su adiós.
Y se encontró, y lo encontró
el espejo de ayer
le devuelve un padre con amor.

Emi S.


28 de Marzo de 2016- Ciudad Universitaria, Córdoba.

7 de mayo de 2016

Marchas

Marchas
Por las venas abiertas de mi tierra
que sangraron cipayos y extranjeros
brotan hoy, eternos, nuestros ancestros
rubíes emisarios de los sueños.

Entre cerros, los mares y las garras
soy un suspiro de la pachamama
no eres dueño ni de tus esperanzas
no perdono a la cruz ni a las espadas.

Marchamos hacia un futuro posible
saldando injusticias del presente
sacudo en la penumbra los recuerdos,
te invito a pelear por nuestra gente.

No rendimos los brazos ante el miedo
ni queremos disfraces de europeos
no entregamos hermanos a los buitres
su saliva venenosa no bebemos.

Aunque quieras quebrarnos el camino
con estrellas y franjas coloradas,
más temibles que inglesas extorsiones
son mis heridas no cicatrizadas.

Disculpe que nunca nos entendemos
usted será siempre un colonizado
una geografía no es la patria,
lo aprendí junto a mi pueblo marchando.

Hoy enciendo un candil entre las dagas
que cortaron treinta mil esperanzas
hoy me sumo a las manos arrugadas
cavando por una nueva alborada.

Mil banderas y flores colorean
secuestradas y grises primaveras
marcha el pueblo sediento de justicia
a la fuente nacida en las trincheras.

Codo a codo levantarán los sueños
abatiendo paredes del engaño;
no le niegues, cipayo, a este pueblo
su derecho a pedir por lo robado.

Mas temprano que tarde esa alborada
ilumina la historia reencontrada,
con tu cuerpo sentado en el estrado
y la cabeza ardiendo entre sus llamas. 



20 de marzo de 2016

Acordes

Tu tiemblas en la penumbra,
el vacío y los planetas;
vibramos en un acorde
sujetos en cada cuerda.

La noche golpea adentro
como un corazón humano
yo te miro cauteloso
macho depredador descalzo;

al tiempo que nos arranca
ilusiones tras las rejas
le urdimos entrelazados
una semilla en la tierra.

Con la inflamable caricia
eres un ave cansada,
quiero llenar tus segundos
con el ardor de mil mapas.

¿Cuántos años en el día
cuántas lágrimas de sal?
Que son caricias las penas 
en las llagas del durar.

Cuenta el río en la neblina
que ha visto un mundo alado
y han escuchado los cerros
fragor de beso y espasmo.

Un enjambre de jinetes
gozan la hora de la especie
emisarios rojos que traen
junto al alba, la simiente.

El aire se ha endurecido
en un instante glacial,
la conciencia de ser chispa
cual mis ojos ante el mar.

- Con el tiempo que no tengo
voy a hacer un mundo nuevo-;
mientras sonaban al alba
tres acordes de sueños.


¿Cuántos años en el día
cuántas lágrimas de sal?
Que son caricias las penas
en las llagas del durar.

6 de febrero de 2016

Soltar todo y largarse

Uno de mis temas favoritos de Silvio
quiza porque de manera tans simple, me cuenta como es mi vida. Asi, esperando el día para soltar todo y ser un aprendiz caminando los senderos que me llevan al poeta

Soltar todo y largarse —qué maravilla—,
atesorando sólo huesos nutrientes
y lanzarse al camino pisando arcilla,
destino a las estrellas resplandecientes.

Pantalones raídos, zapatos viejos,
sombrero de ventisca, ojo de garra
escudriñando enigmas en los espejos
y aprendiendo conciertos de las cigarras.

Con amores fugaces e inolvidables,
con parasiempres grávidos como espuma
y el acero afilado de los probables
colgado vigilante junto a la luna.

Soltar todo y largarse. Qué fascinante
volver al santo oficio de la veleta,
desnudando la vida como un bergante
y soñando que un día serás poeta.
(1995)


20 de enero de 2016

Dejate Convencer (Ismael Serrano)

Una día la vida echará abajo tu puerta. 
Rendida, acorralada te pedirá cuentas 
por este fracaso, 
por haberme mentido. 

Y no encontrarás al hombre que te ponga a salvo, 
que el hecho de estar vivo siempre exige algo. 
Déjate convencer, 
duerme esta noche conmigo. 

Que el amor se encuentra antes si se busca. 
Mira que casualidad si yo fuera tu hombre 
y la duda de haberte dado luz 
no te deja dormir nunca. 

Déjate convencer. 
Ya habrá alguien que se haga cargo 
de recoger las culpas de este pecado. 
A donde iré, sin este abrazo. 

No te puedes negar, 
no sea que nuestro pasado nos llegué a atrapar. 
Esta noche está en nuestras manos decir alguna verdad 
que ya, que ya mentimos a diario. 

Anda, echa un vistazo a tu alrededor, 
no seas tonta, 
mira que no hay un alma que llevarse a la boca, 
que hay que repartir caricias 
y esta noche me toca. 

Que yo también comparto los mismos miedos, 
también busco una cinta para atar el tiempo. 
También arrastro conmigo una cadena de sueños. 

Una día la vida echará abajo tu puerta. 
Rendida acorralada te pedirá cuentas 
por este fracaso, 
por haberme mentido.

17 de diciembre de 2015

los extraños

los extraños, los que duermen,
los que ganan, los que pierden
mundo extraño, mundo loco
mundo lleno de recodos
recovecos, ciegos caminos
plegados en pergamino,
y letargos sordos.

los que miran, los que sueñan,
los viene y los que van
fluyendo en la amargura
gris de la ciudad.
los que esperan, los que no,
los que lloran
de alegría sin razón.

los que cantan su dolor
los que no se atreven
a empezar a vivir,
escondidos muro adentro
nunca salen a soñar.
los que se deshacen
a cada instante
porque en segundos
se extinguirán,
todos ciegos
ciegos todos

en la misma oscuridad.