A
Alejandra la conocí en Las Grutas
andaba
con su coneja mirada
buscándose
al rayo del sol
salpicándose
de espuma
pulverizando
barcos
que
querían llevarla.
abajo,
una tonta
y
los nueve de gestación.
Arriba,
los brazos de las musas
y
los ojos bien abiertos
queriendo
explicar lo absurdo.
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