El viento desenreda la noche entre mis ojos
la luna escapa, impía figura
por los cerros lejanos
y tus ojos sagrados
me arrebatan la triste y segura
escafandra en la que guardo mis despojos.
Allá, la blanca arpía se ríe de mi alma
que se seca de tanta
desdicha y decepción
y una lágrima en canción
asoma entre las lejanas
mortajas que adormecen las palabras.
Las etéreas penas dolientes
ruedan cuesta abajo
acercando esta distancia
y me invade la fragancia
desde los montes, colgajos
de tu ser, testigos de mis sueños murientes.
Las acomodo en tristes negras cajas
las veo mojadas, borrosas
y desaparecen de pronto
mueren, se caen muy hondo
en negras aguas pantanosas
y de mis ojos, de mis ojos, navajas.
Güije
Mayo de 2008

No hay comentarios.:
Publicar un comentario