Ya tarde,
confesé mi crimen
al primer astro que me increpó:
No fue buena idea
recibir la bendición lunar,
su círculo de meteóricas prebendas,
su vómito de miserias.
Y, ahora, el chantaje solar
y el guiño lejano del lucero
lavándome la piel manchada.
Acepto su perdón
pero me molesta
su parpadeo cómplice,
confirmatorio de que sabe
que una y otra vez
me levantaré

1 comentario:
un poema a mi adicción
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