Soy el grito solitario
en una sala de emergencias;
tengo clavado un beso salado
de un fantasma carmesí
que me visitaba en mis urgencias,
entre las sábanas de una cama abandonada
en enero y con el abrazo tenue de un ocaso;
las calles vacías, las pupilas llenas
y tus besos de cigarro
llamándome a medianoche.
¿Qué tibio recuerdo me traes ahora?
Aquellas caricias en la vasta noche
de borracheras sin excusas,
nos despertaba el chispazo del sol
golpeando la ventana.
Te olvido, te recuerdo,
por una calle céntrica,
a la que me lleva el aroma a azahar,
mientras por las rejas trepa la luna
y en mi pecho trina un violín.
Doblamos la esquina,
suena en una peña una invitación.
Nuestras risas se enredaban y anudaban
y aun hoy siguen ahí.
¿Qué graciosas trampas me pondrás esta vez?
Si te espero cerca de los hoteles
¿la puerta se volverá a abrir?
Sonará sobre aquel piano
una melodía en abril
Silvio cantará ya no te espero
y pediremos algo para comer,
tarde, cuando llega el cansancio
y mi soledad lo abarca todo
como la niebla a las 6.
Desde aquí, desde hoy,
por la ventana me miro,
cara a cara,
las ojeras de la noche
apenas me importan
veo como te acaricio y pienso
que esto no estará más
como la niebla a las diez
se irá, me iré, te irás.
Soy un gemido
en una sala de urgencias,
me rio de mi risa y la tuya
tan acordes, tan dementes.
Si me vuelvo a caer en tus brazos
tras un viaje, tras una tarde,
tras un llamado
¿ese yo volverá a correr por mis venas?
¿vos, yo, nosotros, seremos de nuevo aquél?
¡Qué explosión de dolor insoportable
en una sala de emergencias!
Donde nadie la escucha.
La mitad de la vida es miseria
la otra mitad dolor,
y la habilidad de robarle
días, noches, minutos
como los nuestros,
es algo que hay que aprender rápido.
Ayer, ayer, ayer,
Me dicen que solo existe el hoy,
pero todo es ayer,
soy un ayer, propulsado al viento
el hoy no es nada aqui,
mirándome, pensándote.
Y ¿cuál será tu hoy?
Si regreso tras el sonido,
tras la pincelada de tu rostro,
llegar y gritar que es de madrugada
para andar sobornando
con abrazos,
contarte que era un verano tardío el nuestro
que el calor aquí (allá) dura todo el año
que mi corazón arde siempre.
Y así, tras las hojas caídas,
cada noche, terminábamos
demorando el tiempo entre
besos, melodías,
y promesas de papel.
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