El señor entró al
bar,
miró hacia ambos
lados,
las sillas estaban
ocupadas,
las mesas repletas,
la gente hablaba
o estaba ensimismada
o tecleando mensajes
caminó
no se acerco al
mostrador,
tampoco se fue,
empezó a revisar si
quedaban restos de café
en los vasos
descartables abandonados,
al fin una mujer le
entrega el suyo
un café caliente
se van ella y su
acompañante
él se queda, se
sienta
y revisa otros vasos
por ahí,
los brazos y los
vasos
brazos vacíos
vasos con sangre
buscan restos de los
demás
con qué alimentarse
Es lo que hacemos
muchos, pensé,
pero esta es una
manera más brutal.
EJS
Berlín, enero 2012.

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