5 de septiembre de 2010

Interruptus



Se acodó en el balcón. En momentos que aquellas hormigas obreras allá abajo, de a poco, vaciaban las calles, por la hora que era y porque crecía la pandemia de suicidios y locuras incurables.
Balconeando la vida en la baranda tentadora rogó que la lucidez no le importune esta decisión que por fin había tomado. Se subió a la baranda y el entendimiento le dejó apreciar en la ventana de enfrente ese cuerpo inevitable, la blusa ajustada, desprendiéndose, perdiendo su excitante forma y quedando olvidada en el piso. Y ella deja apreciar su caudaloso escote y de un momento a otro, liberará los planetas donde cualquier explorador desea plantar su bandera de semental conquista, aspirar todo el aire de su atmósfera lozana y luego en cualquier rincón de su pronunciada orografía expeler su turbulenta necesidad.
Se bajó, entró al departamento y salió a la calle a ser una hormiga más.

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