Escaparse de los esbirros
que saludan con sonrisas
en las veredas y en los trabajos.
Sangre. En sus manos sedosas.
Inmundicias. En su cerebro viejo desde la cuna.
Retorcidas serpientes. En sus actos deshonestos.
En su moral perversa y en sus buenas costumbres.
Saltarles las colas, vestir de rojo o de violeta
y reírse de vez en cuando
cuando se relamen y revuelcan en su ignorancia.
Contar los segundos que en este momento
están danzando con tus suspiros;
imaginar tus lentas y claras manos
repasando unas hojas
o repitiendo un gesto de esos
que usamos prefabricados
que se inventaron hace mucho.
Alzar la mirada al sol
y ver que mira hacia otro lado,
adonde vos estás.
Alterar el orden de las palabras para
vos que código se para nuevo un invente;
no se, deletrear tu nombre
y adormecer la mañana en tu cabello
que explota en las sabanas.
Materializar un verso que
más pronto que una nube
se fugue hacia el nunca más.
Acelerar el corazón,
con una rendija del pensamiento
donde entreveo el aleteo de tus pestañas.
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