11 de diciembre de 2007

EL TREN

Estuve vagando un tiempo, unas horas quiza unos días. Estuve vagando y encontré una estación de trenes, el tren llegó de pronto, a toda velocidad, abandonando la ultima curva tras las moreras. Era verano. Y había flores por todas partes. Se detuvo. Y una puerta se abrió como una invitación a este pobre que no tiene nada que perder y por ganar. Ingresé casi sin querer, como impulsado por una fuerza primitiva, conocida, única. La puerta se cerró tras de mí. Yo estaba invadido de curiosidad en ese instante extraño y ni siquiera note que la marcha había comenzado. Empecé a inspeccionar como un niño los asientos, las curvas y contracurvas, los colores, los olores, la pintura, la dureza...la pureza. De a poco me sentí a gusto, muy a gusto. A poco conocí todos los rincones, descubrí sus secretos, me recoste en sus asientos, los cuales con los días eran cada vez más cómodos, las ventanas mas limpias, el aire más puro, los colores más vivos. A veces crei que era un vagón infinito, que se reinventaba a diario, era mi casa, la hermosa casa viva y siempre nueva. Al tiempo olvidé que habia algo más que aquél vagon y ese tren.
Un día, inesperadamente, el tren se detuvo, la puerta se abrió y yo, apoyado en ella, no pude reaccionar. Y caí. Me levanté precipitadamente. Vi que estaba en una estación, tan igual a aquella en la que me habia subido una vez. Pero yo ya estaba más viejo. Desolado. Me encontré de pronto sin mi mundo y mi tren. Quise recuperar esa vida. Pero ya era tarde. Se habia ido en él.

2 comentarios:

ViC dijo...

Qué bello paseo.
Inclusive el final.
Así es la vida.

Saludos!

Anónimo dijo...

muy descriptivo emi!
me gusto mucho, no dejes de escribir! =)