21 de junio de 2014

Corazón rendido



Recuerdo aquel rojo día
la tarde miraba fijo
hacia esa plaza colmada
de penas y de chiquillos,
Y tras mis pasos tranquilos,
recuerdo tu abrazo tibio
y que te besé hasta el alma,
mientras jugaban los chicos.
De la vieja iglesia salían
mujeres, ramos de olivo,
y una canción misteriosa
que el viento llevó a tu oído.

Un sol tímido regaba
algo como amor dolido;
parecía acariciarnos,
temblando entre los racimos
de nubes que se apuraban
surcando algún paraíso.
Un colibrí asustado
llevaba muy dentro mío.
Hablamos de la alegría,
del tiempo, de los delirios
que nos embriagaban cuando
juntos soñábamos irnos.

La luna desde las sombras
planeaba un acto sombrío,
tejiendo su sacrilegio,
rasgar la tarde sin brillo
quebrar el cielo con fuerza,
desenfundar un cuchillo.
Un duelo entre las espadas
de los destinos vencidos.
Una muralla crecía
hasta alcanzar el hastío
mientras el mundo giraba
como infinito tiovivo.

Tu voz se volvió tan tenue
Tus ojos miraron el piso
Y cuando se levantaron
sentí que no eran ya míos.
Llorando ya sin llorar
me hablaste de otro destino
Yo, hablando ya sin hablar
tragué mi propio martirio.

El sol ya no nos miraba
se reveló el espejismo,
la luna del cenit reinaba
como diosa del olimpo
Los chicos seguían riendo
mientras cantaban los grillos
el mundo ni se inmutaba
mi cuerpo era un laberinto
En esa plaza olvidada
de hombres y de chiquillos
deje por allí sembrado

a mi corazón rendido.

Emiliano Salvucci

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